Huellas imborrables
Tanto el comercio como las finanzas internacionales, así como aspectos sensibles de la vida social, cultural y política, experimentan ya los efectos de la actual crisis económica mundial.
La notoria caída de la demanda mundial de bienes y servicios, en cuanto manifestación concreta de la profunda e intensa crisis que sacude a la economía mundial, ha incidido en el declive de los precios de productos básicos de exportación de la región latinoamericana y caribeña.
Con sobrada razón la Organización Mundial de Comercio (OMC) sostiene que al cierre del 2009 el comercio mundial podría acusar una merma del 9 por ciento, siendo la mayor contracción desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), por lo que hace recordar los tiempos difíciles de la Gran Depresión (1929).
Nunca he sido partidario de que la historia de una sociedad o de un fenómeno económico sea minimizada o, en el peor de los pasos, olvidada, pues sólo mediante el estudio y la reflexión de los acontecimientos pasados se pueden prever nuevos tormentos.
Cuando estalló la histórica crisis financiera de los años treinta de la pasada centuria la tierra de George Washington vivía una etapa de bonanza económica prolongada, a tal punto que no pocos economistas llegaron a pensar que ese bienestar había llegado para quedarse.
El aumento en la deuda pública y privada de EE.UU., unido a irracionales movimientos especulativos en la bolsa de valores de Nueva York, aceleraron el derrumbe del valor de las acciones de importantes empresas, evaporando, en un abrir y cerrar de ojos, enormes riquezas invertidas.
Constituye un grave error científico comparar la actual crisis económica así sea en su expresión financiera- con la que experimentó el mundo durante la tercera década del pasado siglo, pues a todas luces la actual es más compleja y destructora de capitales que la vivida ochenta años atrás.
Pero sí se podría afirmar que tal como aconteció ayer, la presente crisis económica marca un punto de inflexión (ruptura) dentro de la vigencia de un ordenamiento económico y monetario-financiero que resulta obsoleto y desfasado para los tiempos actuales, donde la economía mundial se ha globalizado a un grado superior.
Incluso, el ascenso al gobierno de Estados Unidos de Barack Obama constituye una manifestación de los nuevos tiempos que se ciernen sobre las relaciones económicas y políticas internacionales.
Afirmo de manera categórica que la actual crisis económica mundial será un factor determinante en los impostergables cambios económicos a escala planetaria, pasado por los de orden social, político, social y cultural. Nada, se viven tiempos de cambios
No ha lugar el lenguaje apocalíptico. Porque la crisis será superada. No obstante, tendrá su costo político y social. Dejará huellas imborrables. Que nadie lo dude.

