Vivir la crisis
¿Hay que ser economista para comprender la magnitud de la actual crisis económica mundial?
Siempre he sostenido que los ciudadanos ordinarios son economistas vivenciales, a pesar de que no hayan cursado estudios en una universidad o concentrado su atención en las páginas de un texto sobre comercio, producción y finanzas internacionales.
En efecto, el consumidor de los países desarrollados, en general, y de los países subdesarrollados, en particular, ha tomado conocimiento práctico de que la economía mundial se encuentra bajo las turbulentas aguas de una crisis compleja, profunda, prolongada
Los 6 mil 600 millones de seres humanos que pueblan el globo terráqueo están viviendo, con o sin conocimiento de causa, el advenimiento de una etapa de cambios profundos tanto en la esfera económica, como en la política, cultural, social y tecnológica.
Porque las crisis son rupturas, acomodamiento en las fallas del terreno económico. En la dinámica de la economía mundial capitalista resultan tan inevitables como recurrentes.
Sostengo que resulta una mentira anunciar el adiós a los vaivenes del estado de las relaciones económicas internacionales, pasando, claro está, por los vaivenes cíclicos de las economías nacionales.
No debe extrañar que así como Francis Fukuyama, pensador norteamericano de origen japonés, escribiera su afamado artículo El fin de la historia (1989), donde sentenciaba que ya no habrían batallas ideológicas, también algunos economistas han pontificado sobre un supuesto adiós a las crisis mundiales.
En efecto, Guy Sorman, economista francés, es incisivo en sostener que la economía moderna no está exenta de fluctuaciones, pero el tiempo de las grandes crisis parece haber pasado, según refiere en su obra La economía no miente (2008).
Pero los tormentosos acontecimientos que sacuden hoy a la economía mundial hacen recordar a los cantores de la perennidad del liberalismo y la llamada mano invisible del mercado que la humanidad asiste ya a las exequias fúnebres del modelo neoliberal, para acuñar una feliz frase del presidente dominicano Leonel Fernández.
Y si he realizado un viaje conceptual para explicar cómo la crisis económica que estremece al globo terráqueo está siendo vivida de manera práctica por los simples ciudadanos se ha debido a la necesidad de motivar a los economistas para que cada vez más divulguen sus planteamientos en un lenguaje apto para simples mortales.
Porque no menos de 200 millones de seres humanos que residen en los países subdesarrollados verán hundir sus esperanzas en las tormentosas aguas de la pobreza absoluta. Pero el amargo momento será superado. La economía mundial saldrá a flote. Seguirá mostrando a todos lo injusto y desigual de las actuales relaciones internacionales.

