Mientras un grupo de gente veíamos atónito en las redes sociales las “explicaciones” de un hacker de cómo se clona una tarjeta de crédito, alguien, ya hastiado de observar cuán fácil esquilman en la web el dinero a la ciudadanía, escribió en el chat: “No robarás, es el octavo mandamiento”; a lo que otra persona le replicó:…”Ve y díselo al sector bancario…”.
Acudir a una institución bancaria en busca de un préstamo es muy engorroso, pues de entrada, y para conquistar a la gente se pintan “pajaritos en el aire”, para posteriormente “darle en la madre”, con aumentos desproporcionados que a veces llevan a la ruina a quien no se emplee a fondo para encarar el castigo que viene después de un crédito.
Todo es color de rosa cuando la clientela acude a solicitar empréstito. Regularmente las tasas de intereses las colocan atractivas para entusiasmar y motivar a la gente al financiamiento. Luego, es un calvario por lo que transita la persona que le toma la palabra a estas instituciones, que al parecer tienen por ganancias especular con las susodichas tasas de interés.
A pesar de que no hay razones macroeconómicas para el incremento de las tasas, éstas suben inmisericordemente y a su antojo, no habiendo peros que valga, y más si es un sector poderoso, como el bancario, que no le para mientes a nadie, penalizándose al público que hace grandes sacrificios para materializar sus sueños a base de grandes esfuerzos.
En la fase preliminar de maravillar a personas incautas, se argumenta que la tasa de interés no variará durante un año, para luego iniciar un festival de incrementos del susodicho ajuste, ignorándose a ciencia cierta, cuáles parámetros se utilizan para dichas alzas.

