El ministro de las Fuerzas Armadas, teniente general Pedro Rafael Peña Antonio, ha vuelto a expresar preocupación sobre muertes con rasgos de sicariato. Pero el problema no es preocupación, que la tienen todos los ciudadanos, sino de acciones eficaces para garantizar la seguridad de la población. La dimensión de los crímenes por encargo que reconocen las propias autoridades es para que a estas alturas se cuente con una estrategia, no mediática, para frenar una práctica que gana terreno. El ambiente se ha tornado tan frágil e inseguro que todos los crímenes pican cerca. La gente siente que se mata por cualquier simple roce, por algún tipo de diferencia y hasta por interés de quitar del medio a alguien que pueda considerarse un estorbo. La preocupación expresada por Peña Antonio debe acompañarse de algún tipo de acción, sobre todo ahora que la población está perturbada por la muerte del fisiatra Sergio Rafael Rojas Soriano cuando se ejercitaba en los alrededores del Jardín Botánico. Es lo que demanda el ambiente.

