El presidente de México, Felipe Calderón, no quiere cargar solo con el fracaso de la guerra contra el narco, que según cifras oficiales ha ocasionado más de 28 mil muertes en lo que va de año. Por primera vez desde que asumió el poder, Calderón ha apelado a un diálogo nacional con la oposición y todos los sectores para analizar el problema de la inseguridad representada por el narco. Será muy cierto que el mandatario no ha sido acusado de timorato ni de protector de ninguna instancia de poder relacionada con los cárteles, pero también que su estrategia no ha dado resultado en la lucha contra el crimen. Para importantes analistas el problema del narco tiene una profunda raíz social, dado que muchos jóvenes se convierten en asesinos por un sueldo de 45 dólares a la semana. A Calderón también se le atribuye utilizar la estrategia de la seguridad con fines electorales. Pero sea para ganar tiempo o compartir los costos, Calderón no está al menos de brazos cruzados frente a un mal que ha dado al traste con la seguridad en México.

