Ahora sólo cabe esperar que la solución al riesgo y la sensación de abandono que implican los semáforos averiados no se busque a través de más endeudamiento público. Porque si hasta para dar mantenimiento o reparar los aparatos que controlan el tráfico de vehículos en las intersecciones se tiene que recurrir a préstamos la situación económica no puede ser más calamitosa. La compañía que ganó la licitación convocada hace tres meses por el Ministerio de Obras Públicas no ha iniciado la reparación de los semáforos porque todavía no se ha erogado el primer centavo. Conforme al contrato, Obras Públicas no ha cumplido con el desembolso inicial de un 20 por ciento, equivalente a 929,361 dólares, de los 4,646,809 millones. La bonita es que las autoridades habían anunciado con la mayor solemnidad que el problema de los aparatos, que se dañan a causa de cualquier fenómeno, estaría resuelto en cuestión de días. Pero el tiempo transcurre, aumenta el caos en el tránsito y los recursos no acaban de fluir. Así es la cosa.

