Por encrespada que esté la criminalidad, casos como el del empleado privado asesinado ayer en el sector Piantini aumentan el pánico y la inseguridad en la población. Horas antes de la muerte de Lisandro González, de 54 años y ejecutivo de la empresa Pro Piscina, la Policía había abatido en Villa Mella a dos hombres y un menor de edad que eran perseguidos por el asesinato de un sargento y la violación de una mujer. Son casos que ratifican, sin necesidad de falsas alarmas, una criminalidad desbordada. González fue muerto por dos jóvenes que se desplazaban en una Yamaha RX-115, quienes lo habían interceptado cuando compraba frutas para despojarlo de un anillo y un reloj. Pero al notar que estaba armado le hicieron tres disparos y escaparon del lugar. El suceso ocurrió prácticamente a la vista de todos, en la calle Víctor Garrido Puello a esquina Manuel de Jesús Troncoso. La gente no sabe qué hacer ni qué pensar con relación a la creciente ola delictiva. Por la dimensión de una criminalidad que no discrimina, es obvio que la víctima pudo ser cualquiera.
