La muerte de la periodista Rosario Olivo en un aparatoso vuelco en que también pereció el conductor del vehículo en que viajaba es un suceso penoso, conmovedor. Pero, como otros tantos casos, la tragedia que costó la vida a Olivo y Julio Alberto Holguín y en que un camarógrafo y un fotógrafo resultaron heridos, debe investigarse a fondo. Todos viajaban a Santiago en una camioneta del Centro de Información Gubernamental para cubrir la ceremonia de reinaguración de la catedral encabezada por el presidente Leonel Fernández. Hasta ahora lo único que se ha informado es que el conductor perdió el control después que al vehículo se le explotara un neumático. Sobre el suceso, ocurrido en el kilómetro 53 de la autopista Duarte, en La Cumbre, abundan las interrogantes, cada una de las cuales, para tranquilidad y por respeto a la ciudadanía, deben ser despejadas por las autoridades. Debe determinarse, por ejemplo, si el vehículo reunía las condiciones mecánicas y hasta la velocidad a que se desplazaba. Aunque sea para tomar los correctivos de lugar.

