El presidente de la Sociedad de Transplantes de América Latina, Ashley Baquero, ha dado cuenta de un negocio infame: la compra de órganos humanos. La denuncia del reputado profesional, formulada durante un congreso celebrado en México, involucra a turistas y a Estados en la comercialización de órganos y tejidos. Ya antes patólogos habían denunciado que en algunos centros se negociaba con cadáveres, mayormente para prácticas universitarias. Si bien los adquirientes saben a lo que se atienen, se sobreentiende que se trata de una práctica que debe ser regulada. En una nación con tantas necesidades no se puede descartar que la gente se agarre de lo que sea para sobrevivir. Y más con la ausencia de controles que existe en el país. El doctor Baquero debería proporcionar a las autoridades todas las informaciones que posee, si es que no lo ha hecho, en torno a su denuncia sobre el infame negocio de órganos humanos. Es obvio que esa práctica supone una organización especializada, que conoce el negocio al dedillo.

