Tras la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advertir que el cólera se propaga a velocidad explosiva, procede extremar los controles que se han adoptado para contrarrestar la epidemia. Hasta ahora no ha habido necesidad de cerrar la frontera, pero si la epidemia se desborda habrá que pensar en las medidas más eficaces para evitar que penetre y haga estragos en el país. Voces tan sensatas como la de monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio, arzobispo de Santiago, han favorecido el cierre de la franja como una de las medidas preventivas. Hasta antes de la advertencia de la OPS quizás no había necesidad de clausura, sino de controles estrictos, pero es obvio que el panorama puede haber cambiado. El flujo migratorio y las operaciones comerciales en la zona no dejan de ser un vehículo para la propagación de la epidemia que en las últimas horas había dejado unos 300 muertos y más de cuatro mil casos registrados. Es verdad que cerrar la frontera no impedirá el trasiego, pero puede contribuir a contener la propagación de la epidemia.
