La epidemia de cólera que ha dejado unos 300 muertos en Haití y más de cinco mil casos registrados ha motivado una necesaria investigación de la Organiación de las Naciones Unidas sobre el origen de la enfermedad. No es para menos, no sólo por la dimensión alcanzada por la enfermedad, sino por las versiones que comprometen con su introducción a los agentes de la Minustah. El presidente René García Prèval había declarado que la epidemia había sido introducida desde un país que no identificó. Pero ahora se sospecha que el vertido de heces de un batallón de Nepal en un río de Mirebalais ha sido la causa de una epidemia que ha tornado más dramática las penurias del pueblo haitiano. Aunque la Minustah ha rechazado que los desperdicios en la fuente acuífera fuera la causante del agresivo brote, es obvio que el drama sanitario tiene que aclararse. Establecer responsabilidades es lo menos que puede hacer la ONU dada la timidez que también se le ha atribuido con la asistencia sanitaria para controlar la epidemia. Un compromiso.

