El Instituto Nacional de Agua Potable y Alcantarillado (Inapa) figura entre las contadas entidades públicas reconocidas por suplidores por la transparencia de sus licitaciones. También se ha sabido que su director, Alberto Holguín, dispuso la cancelación de un asistente suyo que estaría implicado en la millonaria compra de un inmueble en la avenida Abraham Lincoln.
Ha trascendido de igual manera que de tres o cuatro suplidores que a través de diferentes subterfugios acaparaban todas las obras del Inapa, la entidad cuenta, desde que asumió el cargo, con más de 500. Los auspiciosos elementos no son, sin embargo, los que han trascendido sobre la gestión de Holguín. L
as estadísticas y sus acciones lo presentan como un funcionario competente y recto. Pero su bajo perfil ha propiciado confusiones que pudieran ensombrecer su imagen. Al tratarse de su conducta nadie más que él es responsable de las consecuencias.
Los funcionarios, y menos técnicos, tienen que hablar como gallaretas, pero por lo menos deben informar las cosas buenas que hacen, además de estar prestos, siquiera como medio de defensa, a aclarar cualquier infundio. Es un ejercicio que, como director de Inapa, debe asimilar. Aunque no guste del protagonismo.
