El argumento que se esgrimió para justificar la celebración de una reunión ayer en Miami entre el canciller dominicano y el primer ministro de Haití es el de que esa ciudad estadounidense siempre ha sido acogedora para los negocios, pero resulta que el ingeniero Carlos Morales Troncoso y Laurent Lamothe procurarían reducir las tensiones entre ambas naciones causadas por la veda haitiana a productos dominicanos.
Es claro que ambos funcionarios, que encabezaron un encuentro con empresarios haitianos y dominicanos abordaron el tema de las restricciones al ingreso al mercado haitiano de pollo, huevo y envases plásticos producidos en el lado este de la isla.
Quizás Miami fue escogida como sede de ese encuentro para evitar tipos o formas de presiones políticas y económicas que emanan de ambos lados de la isla, pero lo importante sería que Haití y República Dominicana procuren fórmulas de avenencia en los ámbitos comercial, migratorio y de cooperación. Aunque la veda a productos avícolas e industriales lesiona la economía dominicana, no hay dudas de que tan extraña medida, especialmente en lo relacionado con pollo y huevo agrava la situación de precariedad alimentaria de amplios núcleos de la población haitiana. Lo saludable seria que en Santo Domingo, Puerto Príncipe o Miami, se le busque una solución a un problema que ya va para largo.
