Página Dos

PRIMERA FILA

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Detenciones

De las detenciones arbitrarias no debería hablarse, como no sea para sancionar a los responsables. Es de sobra sabido que las detenciones arbitrarias son ilegales e irritantes. Pero la forma en que el jefe de la Policía, Manuel Castro Castillo, se lo ha recordado solo indica que los agentes tienen sus propias leyes. Para detener una persona se requiere de una orden judicial, a menos que sea sorprendida in fraganti en la comisión de un delito.

Pero, por lo visto, basta con un perfil de sospechoso, cuyos rasgos lo determinan los propios agentes, para conducir detenida a cualquier persona. Ahora que también han caído varios supuestos delincuentes en intercambios de disparos, el jefe de la Policía ha vuelto a leer la cartilla a los uniformados sobre las condiciones para privar de libertad a un ciudadano. Sabe las repercusiones y de ahí que advierta que los apresamientos sin causa que lo justifiquen “provocan una percepción negativa de los agentes del cuerpo del orden, lo que empaña y erosiona la imagen de la institución”. Puede tratarse de una redundancia, pero necesaria.

El Nacional

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