La tragedia de Haití es un motivo adicional en las peregrinaciones al santuario de Higüey para invocar a la imagen de la virgen de La Altagracia que derrame sus bendiciones sobre la sufrida población. En momentos de incertidumbre el dominicano, creyente y solidario, suele apelar a la fe en sus íconos religiosos. Como protectora de República Dominicana el pueblo le rinde cada 21 de enero los más emotivos tributos como muestra de su devoción. Haitianos y residentes en otras islas se desplazan a la basílica de Higüey para cumplir alguna promesa o pedir a la patrona que los ayude en la solución de una enfermedad o de cualquier otro problema. De la misma forma en que se ha volcado en ayuda y preces, de esa manera el dominicano clamará a la virgen para que ilumine a los haitianos a encontrar el camino de la redención. Se trata de un sacrificio que debe ser recompensado con alguna manifestación a la que se atribuyan poderes divinos. La verdad es que el sufrimiento de las víctimas amerita del consuelo que proporciona la fe.

