Las condiciones de salud en que se encuentra el recluso Marcos Báez Cocco, uno de los condenados por la quiebra de Banínter, pone a prueba el espíritu de la justicia. Si se ha sentido durante el proceso que se le siguió hasta que fue condenado ha sido por los problemas de salud que lo han afectado. Jamás dejó de asistir a las audiencias ni resistió ninguna acción legal, aunque defendiera su alegada inocencia. Pero esa defensa la hizo siempre a través de recursos legales. Ante el colapso que ha vuelto a sufrir en sus condiciones de salud sus abogados insisten en que lo mejor para él sería prisión domiciliaria. Y tal parece que es lo más conveniente, pues de esa manera la asistencia médica que se ha comprobado que necesita estaría más garantizada. En su caso la prisión domiciliaria no es ningún privilegio, sino un acto de justicia. Se trata de persona que está enferma y que en prisión ha observado un buen comportamiento. Mantener en prisión a una persona enferma, sin importar el delito que haya cometido, es también un acto de tortura. Que conste.

