Gran misión
La designación de Robert Muller como fiscal especial para supervisar la investigación de los supuestos nexos personales con Rusia del presidente Donald Trump abre una amplia interrogante sobre la suerte del mandatario estadounidense.
Tras la destitución de James Comey como director del Buró Federal de Investigaciones (FBI) sobre Muller recayó, en una encomiable prueba de confianza, la misión de verificar un proceso que podría marcar el principio del fin del polémico gobernante de Estados Unidos.
Trump, que ya perdió los casos sobre la veda para ingresar al territorio de ciudadanos de seis países musulmanes y no consiguió que le aprobaran los fondos para la construcción del muro con México, ha pasado últimamente de la ofensiva a la defensiva.
Al controversial magnate podría costarle el cargo que Muller encuentre algún elemento que involucre a Rusia con las elecciones que le llevaron al poder. En la investigación del exdirector del FBI, no solo está en juego su prestigio, sino la fortaleza del sistema estadounidense. Se trata de una gran misión.

