La severa reprimenda del arzobispo Rino Fisichella, presidente de la Academia Pontificia para la Vida del Vaticano, al presidente Barack Obama, por autorizar financiamiento a instituciones estadounidenses que practiquen aborto en el extranjero, es un reflejo de las ásperas y difíciles relaciones que mantendrán la Iglesia Católica y la Casa Blanca. El influyente cardenal Fisichella tildó a Obama de arrogante y dijo que el decreto que emitió de apoyo al aborto indica que es corto el camino a la decepción que transita su gobierno. El viernes, el presidente Obama derogó una disposición que vedaba recursos federales a las organizaciones no gubernamentales para financiar programas de interrupción del embarazo. El obispo Fisichella ha dicho que la decisión del mandatario estadounidense implica autorizar la destrucción de seres humanos. Es obvio que tan severas críticas cuentan con el aval del papa Benedicto XVI, quien se ha pronunciado también muy severamente contra toda política de libre derecho de la mujer de desarrollar o no un embarazo, aun sea por razones médicas o porque la concepción se produzca a causa de una violación. Por lo hecho por Obama y lo dicho por el cardenal Fisichella, los nexos entre Washington y la Santa Sede pintan ser peores que tirantes.

