Lección
El caso de la estudiante de 16 años Kimberly Adón, quien según el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) murió a causa de una hemorragia que sufrió durante un accidente de tránsito, apuntala una variable social que desde hace tiempo constituye un contundente mensaje para las autoridades: la sospecha de encubrimiento.
Esa estela ha crecido como una mancha indeleble tras las incógnitas en las investigaciones en una amplia variedad de casos que han involucrado o se presume que estarían involucrados gente de poder.
Esa funesta percepción, amplificada por la dolorosa muerte de la adolescente, no es para ignorarse o responder con respuestas en ocasiones hirientes, sino para que se enmiende a través de investigaciones acabadas, que no dejen espacios para mayores dudas.
Aunque desde un primer momento las autoridades afirmaron que la muchacha había perecido en un accidente ocurrido en la madrugada del domingo 3 de septiembre en la avenida Los Restauradores, bastaron unas denuncias de familiares para que se sospechara de un homicidio.

