No hay que dar muchas vueltas para captar el mensaje del embajador Raúl Yzaguirre en el sentido de que el Gobierno está compelido a enfrentar la corrupción. Las dificultades que citó de empresas estadounidenses son el testimonio más elocuente del efecto negativo que ha tenido la corrupción en la inversión extranjera.
Sólo la diplomacia hizo que se limitara en cuanto a la necesidad de tomar acciones concretas y no virtuales a fin de fomentar la confianza en los inversionistas.
Las autoridades, que mantienen intacta su estructura de poder político, no deben dar una lectura equivocada a un mensaje que tiene, a todas luces, características de una advertencia.
Para reforzar su señalamiento sobre el impacto negativo que ha tenido la corrupción, Yzaguirre apeló al informe del Banco Mundial que identifica el flagelo como el mayor obstáculo que tiene el país para el desarrollo económico y social. Después de todo, la verdad es que no sólo el embajador de Estados Unidos, sino muchos otros sectores saben la pelota que se está jugando.

