Página Dos

PRIMERA FILA

PRIMERA FILA

Otro Duarte
La indignación generada con las estatuas que se han instalado últimamente del patricio Juan Pablo Duarte demanda que se respete la imagen del libertador acuñada en los símbolos oficiales.

Desde que en las Fuerzas Armadas se alteraron los rasgos tradicionales del padre de la nacionalidad, basadas en una fotografía tomada tres días antes de su muerte, en la población la escultura se ha asumido como una burla.

Y como si no bastara con el revuelo de la estatua en la Plaza de la Bandera, otra protesta no se ha hecho esperar con los rasgos asiáticos que se atribuyen a una escultura del patricio instalada por la legación diplomática en Beijing.

Estatuas como las de Duarte son más que necesarias para perpetuar sus valiosos aportes y la historia, pero las esculturas tienen que elaborarse con la más absoluta fidelidad a la imagen oficial que se ha acuñado en los símbolos patrios.

El Nacional

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