El expresidente Hipólito Mejía bajó durísimo no sólo contra el Gobierno, sino contra la actual dirección del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Sólo le faltó decir que el presidente del PRD, Miguel Vargas Maldonado, ha sido cómplice, al no jugar el papel opositor que le corresponde, de las irregularidades que atribuye al Gobierno. El exmandatario utiliza el término delincuencial, lo que más bien parece una acusación, al referirse a préstamos externos que a su juicio vienen adheridos a condiciones denigrantes, como créditos de exportación. Estas cosas ocurren, agregó, y mi partido, el PRD, que debe estar en la oposición, jugando un rol de equilibrio, ha abandonado su labor. Mejía no se queda ahí, sino que restriega al perredeísmo no haber hecho nada valiente, de lo que pueda enorgullecerse desde la oposición, en los últimos ocho años. E incluso señala que el PRD debe reasumir su antiguo rol. Con esos ramalazos es obvio que se mantienen al rojo vivo al menos las diferencias sobre el papel que debe asumir el perredeísmo frente al Gobierno.

