Página Dos

PRIMERA FILA

PRIMERA FILA

La muerte de una estudiante de medicina que el sábado en la noche fue herida de bala por pandilleros en el ensanche Ozama es un crimen que bajo ninguna circunstancia puede quedar impune. La población, hastiada e impotente, clama justicia frente a la crepitante ola de violencia que ha cobrado vida tan útiles como la de Yineri Altagracia Díaz Báez. La joven, que regresaba a su residencia después de terminar sus labores en un módulo de Claro en Megacentro fue alcanzada por los disparos que pandilleros hicieron contra un hombre que se desplazaba en una motocicleta. No importó a los pistoleros que tienen en ascuas a la ciudadanía que una víctima inocente pudiera ser alcanzada por el tiroteo. Con la muerte de Díaz Báez, quien cursaba el cuarto semestre de medicina en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), se malogra una vida y se frustra un sueño. Es el tipo de suceso que irrita a la ciudadanía porque piensa que la delincuencia actúa por su cuenta. Cabe esperar que un caso tan lamentable por lo menos sea aclarado.

El Nacional

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