Las buenas señales sobre la austeridad y la transparencia en el Gobierno de que ha dado cuenta el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) no dejan de constituir un saludable reconocimiento.
Pero también un gran desafío. En ese terreno no se puede ya retroceder ni un ápice. Si bien han constituido un clamor de la población, amplificado a raíz del déficit que motivó la reforma fiscal, el Gobierno tiene, como expuso el representante del BID, Manuel Labrado, muchos otros problemas que afectan el desarrollo de la nación. El tema eléctrico, la educación, la salud y la distribución de la riqueza son algunos.
Aunque se trata de un valioso estímulo que una entidad tan importante como el BID pondere como positiva señales para reducir el gasto y en especial la transparencia. En enero está supuesta a entrar en vigencia la cuenta única, que es otra medida significativa en materia de controles. Aún así, el Gobierno tendrá que abordar con más rigor escándalos como el de la nómina y las pensiones de lujo, muchas incluso inmerecidas.

