Más le cuesta al procurador general de la República, Francisco Domínguez Brito, que la investigación que dispuso sobre la muerte de Angelo Jean Carlo de León (Cacón), ocurrida el viernes en la madrugada durante un supuesto intercambio de disparos, recoja toda la verdad sobre el suceso.
No puede quedar un cabo suelto so pena de dar al traste con el escaso crédito público en la lucha contra la criminalidad y la delincuencia.
La pesquisa tendría que determinar si en verdad el perseguido murió en una confrontación con una patrulla de la Policía, el lugar donde ocurrió y la razón por la que no prosperó la intención de entregarse voluntariamente para ser interrogado sobre la muerte el 28 de diciembre del teniente coronel de la Policía, Pedro de la Cruz.
Tras de la declaración del mayor general José Ernesto Polanco Gómez de que le gustaría que De León no se entregara para ir a buscarlo, se intuye que el presunto homicida estaba sentenciado a muerte. Aclarar el caso, con las subsecuentes responsabilidades, es un reto para Domínguez Brito.

