Son tan alarmantes las estadísticas ofrecidas por el procurador general de la República sobre la violencia en la provincia Santo Domingo, que ponen los pelos de punta. Si en la jurisdicción, la más poblada del territorio, se registra una tasa de una muerte violenta diariamente es fácil hacerse una idea de lo que ocurre en el país. El dato plantea múltiples hipótesis.
En primer lugar que el problema tiene un elevado componente social, relacionado con las condiciones de vida de un segmento importante de la población. Un segundo componente indica que la persecución no es la única ni la más adecuada de las respuestas para enfrentar la alarmante ola de violencia.
Es obvio que a pesar de las cuchucientas entidades públicas que se tragan en burocracia una gran parte del presupuesto la violencia se incrementa como un desafío social. Conste, que Domínguez Brito se ha basado en estadísticas oficiales, que no siempre registran todos los casos ni las causas. La cifra es para que las autoridades se planteen o replanteen, más que un método, una política sobre la violencia.

