La sensatez parece que ha comenzado a aflorar en las diezmadas tropas que dentro del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) comanda el ingeniero Miguel Vargas Maldonado. El encuentro de seguidores con representantes del candidato presidencial electo Hipólito Mejía abre una brecha a la anhelada conciliación de la familia perredeísta. Y todo porque, pese a la intrasigencia y debilidad ideológica de sus dirigentes, el vergonzoso transfuguismo y otras prácticas censurables, ese partido es un activo importante del sistema político. Antes que atrincherarse en el pataleo, es saludable que Vargas Maldonado haya optado por el camino de la negociación frente a un hecho consumado como la victoria de Mejía en la convención del 6 de marzo. Las negociaciones serían más útiles si, además de analizar los problemas de la convención, abordan la necesidad de consolidar la unidad para terciar con más posibilidades en las elecciones de 2012. Al abandonar su trinchera, Vargas Maldonado ha dado un paso que se corresponde con la necesidad del PRD.

