Quizás por la abrupta manera que tuvo Occidente de decapitar en Libia al régimen de Muamar Gadafi, quien fue asesinado y su cuerpo arrastrado entre multitudes, Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) confrontan dificultades para aplicar la misma receta en Siria, cuyo régimen ha causado miles de muertes en cruentos bombardeos y ametrallamientos contra la población civil. Washington ni la Unión Europea han podido suministrar armas a los rebeldes sirios porque las regiones donde se puede distribuir materiales bélicos están controladas por el régimen del presidente Bashar Al Assad. Para colmo de males Rusia y China ejercen su poder de veto para impedir que la OTAN o Naciones Unidas autorice bombardeos contra Siria, tal y como ocurrió en Libia, que fue la causa principal del derrocamiento y asesinato de Gadafi. Al Assad está ensoberbecido porque la diplomacia de Occidente ha fracasado en consensuar una ofensiva militar mientras que el conflicto se torna en una guerra de intereses entre Estados Unidos y Rusia. La mentada Primavera Árabe se torna en cruento invierno en Siria.

