La presencia y el discurso de muchos jóvenes que compiten por cargos constituye uno de los signos más luminosos del actual proceso electoral. La motivación y las propuestas de esa nueva generación, en su mayoría profesionales, marca la diferencia de un ejercicio caracterizado por el transfuguismo, los conflictos y el uso de recursos públicos. No es que los llamados políticos tradicionales se hayan descalificado, sino que los jóvenes imprimen una imagen diferente al proceso. Para mayor diferencia y pese a la igualidad de género hay muchas mujeres que se han ganado un espacio en la boleta de los diferentes partidos políticos. Se trata de factores que confieren algún atractivo a un certamen en que la bulla y la propaganda han suplantado las ofertas programáticas. Elementos que pueden motivar a un electorado decepcionado por la conducta de la clase política y cansado de los escándalos y la demagogia barata. Se tiene la esperanza de que la incursión de la juventud pueda ayudar a adecentar el quehacer político en el país.

