El sufrimiento de los caballos obligados a transportar pesadas cargas es parte de la crueldad contra los animales. Son patéticos los casos de animales enfermos y esqueléticos que son utilizados como bestias de trabajo por humanos indolentes. Tal parece como si la sociedad y las autoridades, indiferentes incluso frente a tragedias humanas, se hubieran deshumanizado. Los animales sufren y lloran, aunque no se puedan defender ni siquiera de los golpes cuando ya sus fuerzas no dan para más. Como no sea algún que otro ciudadano, nadie sale en defensa de los sufridos animales. Para las autoridades es como si la brutalidad no existiera, con todo y que es un espectáculo que se advierte diariamente en las calles de la ciudad. Es claro que tampoco existe regulación alguna sobre las condiciones físicas de los animales que realizan labores de carga. El drama de los caballos es el más visible, pero otros animales también son víctimas de crueldades. Si bien la práctica data desde hace tiempo, se espera que se ponga coto a la maldad. Es lo menos que debe hacerse.

