Tiene que ser muy desesperante la situación de los productores de habichuelas de San Juan de la Maguana como para desparramar 300 quintales en diferentes puntos de la ciudad. Porque hasta a precio de vaca muerta son unos buenos pesos los que se podían conseguir con la colocación en el mercado del volumen que sacrificaron durante su candente protesta. Los productores exigen que el Gobierno les pague 97 millones de pesos, por un lado, y por el otro que les compre 400 mil quintales que tienen almacenados desde hace tres meses. Pero también exigen que se frenen las importaciones de productos agropecuarios para evitar la ruina definitiva del campo. La verdad es que no se acaba de entender cómo puede importarse habichuelas, en tanto se cuenta con una producción que no encuentra mercado. La protesta de los productores de habichuelas se presta, en realidad, para revisar variables fundamentales del comercio. Y no sólo por la desesperación que traduce el espectáculo patrocinado ante el Congreso por los habichueleros de San Juan, sino porque el problema es bastante complejo.

