Página Dos

PRIMERA FILA

PRIMERA FILA

Puede que al cabo de 44 años hayan cicatrizado las heridas físicas de la ocupación militar estadounidense del 28 de abril de 1965, pero las emocionales todavía laten. El mundo y hasta la propia política exterior de Estados Unidos no son los mismos que cuando el desembarco de los 42 mil marines en suelo dominicano para aplastar a un pueblo que se había sublevado para rescatar el orden institucional.

 Aunque todavía persisten vergüenzas como la ocupación de Irak se tiene la esperanza de que bajo la nueva era que se ha iniciado con la llegada al poder del demócrata Barack Obama, esa política del “gran garrote” haya quedado en el pasado. La resistencia que han encontrado sus ocupaciones en pueblos tan indefensos como estaba República Dominicana en 1965 es para que aprenda la lección. Cierto es que no existe ese odio y que Estados Unidos es más bien visto como un aliado, pero tampoco se puede olvidar la violación de la soberanía de un pueblo. Si la de 1916 no le sirvió de lección con la de 1965 se espera que Estados Unidos la haya aprendido tanto aquí como en dondequiera que haya incursionado de esa manera.

El Nacional

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