La construcción de la segunda línea del Metro de Santo Domingo es una realidad irreversible, que no amerita de ningún otro tipo de discusión que no sea el debate dirigido a que sea concluida de la mejor manera, en términos de utilidad e inversión. Es por eso que se aconseja al Congreso revisar los contratos de préstamos por más de 41 mil millones de pesos que se usarían para completar el ambicioso proyecto de transporte masivo de pasajeros. Si la vida útil de una obra de infraestructura se proyecta -como el caso del Metro- por cien años, lo justo y razonable sería que varias generaciones paguen su costo y mantenimiento y que no se cargue tan elevada factura solo a quienes hoy están vivos y forman parte de la población económicamente activa. Asimismo, se respalda la iniciativa de procurar financiamiento -ojalá hayan sido contratados en buenos términos- para completar la segunda línea del Metro, pues sería poco más que un crimen que el costo de esa obra se cargara al Presupuesto Nacional, en detrimento de otras necesidades. Toca ahora al Congreso revisar los financiamientos contratados por el Gobierno.

