Con su exhortación a la clase política de que extirpe el clientelismo, la corrupción y el desorden en su lucha por el poder, el director del Centro León, Rafael Emilio Yunén, sintoniza con importantes sectores.
Yunén ha tocado una fibra que se torna más sensible por el derrotero que transita la nación. Pero la experiencia indica que para reorientar el tono y el curso del debate político no bastan los mensajes, sino una decidida integración de figuras con sus cualidades.
El quehacer político urge, tal vez hoy más que nunca, de una profilaxis en que, como planteó Yunén, primen principios y valores sobre la corrupción, el clientelismo, el transfuguismo y otras lacras que lo contaminan.
Alienta su inquietud en el sentido de que lo peor que puede ocurrir en circunstancias como las que vive el país es la indiferencia, el olvido y la permisividad. La celebración del bicentenario del nacimiento del patricio Juan Pablo Duarte puede constituir el punto de partida de una agenda nacional. Es tiempo de que los políticos jueguen su papel. Sin que nadie se engañe.

