Desconfianza
El asesinato de Osama Bin Laden en Pakistán a manos de un comando elite de Estados Unidos, ha deteriorado aun más los nexos entre Washington e Islamabad, cuyos gobiernos se profesan mutua desconfianza, a pesar de que se necesitan uno al otro como la uña al dedo.
El Gobierno paquistaní se queja de que la Casa Blanca no comunicó ni solicitó permiso para acometer ese operativo, pero en el Pentágono y en la CIA se sospecha que el Ejército y el Servicio Secreto de Pakistán sabían de la presencia por años del líder de Al Qaeda en el complejo habitacional ubicado a solo 160 kilómetros de Islamabad. Más que por su confrontación con el movimiento Talibán o con Al Qaeda, Pakistán se erige como aliado de Estados Unidos en interés de procurar su apoyo ante al conflicto fronterizo con su poderoso vecino la India. Sin embargo, por razones políticas internas, el Gobierno está compelido a censurar lo que se define como una violación a la soberanía paquistaní con el inconsulto operativo militar para asesinar a Bin Laden. Washington, por su lado, reclama de su aliado explicar porqué su archienemigo se guareció por años en una mansión ubicada bajo las narices de su ejército y de su agencia de inteligencia. El caso es complicado.

