Otra historia de tragedia relacionada con los viajes ilegales se ha verificado con la muerte de otros 49 náufragos que intentaron la travesía a Puerto Rico en una yola. Dos viajeros sobrevivieron como para que pudieran contar cómo una historia de fantasía se convierte en relato de horror. Domito Rodríguez y Reynaldo Gil narraron cómo sus compañeros eran lanzados al mar según morían, después que la embarcación quedó sin combustible. Todavía no ha podido establecerse si esta nueva desgracia involucra a los mismos viajeros oriundos de Villa Riva desaparecidos en el mar y de los que se decía que eran más de 90. Y aunque las autoridades persiguen a un tal Ramón Carrión Brito (El Gacho), presunto organizador del viaje, debería investigarse a profundidad lo dicho por uno de los sobrevivientes, de que los capitanes de esas embarcaciones deben pagar peaje a efectivos de la Marina para poder salir. Es difícil entender que hombres y mujeres tributen hasta cien mil pesos para participar en ese tipo de aventura que las más de las veces termina en tragedia o en deportaciones. Si se tratara de dos casos distintos, tendríamos que primero fueron 90 infelices que se esfumaron en el mar y ahora otros 49 mueren en otra travesía fatal. En medio de indiferencia, complicidad y negligencia, no queda más remedio que esperar la próxima tragedia.

