Resulta insólito que a 11 meses de la muerte a tiros del empresario Guillermo Moncada, ocurrida en el parqueo del condominio Xiomara, en Piantini, no se haya celebrado todavía ni siquiera la primera audiencia preliminar. La demora, que se ha prestado a todo tipo de sospecha, se ha tornado tan monstruosa como el propio crimen. Moncada, tras los primeros tres disparos mortales por necesidad, recibió otros nueve por la espalda cuando ya agonizaba. Pero el Juzgado de Instrucción, aunque ha citado a las partes en 11 ocasiones, no acaba de decidir el curso del expediente. Familiares y amigos han expresado su temor de que la demora sea parte de algún plan para evitar que se haga justicia. La preocupación se presta a reflexiones serias y profundas sobre un sistema del que con frecuencia se alega que carece de seguridad jurídica. Es innegable que se hace un flaco servicio a la sociedad cuando, por las razones que fueren, se demora un fallo sobre un crimen espantoso. Y cuando el homicida no sólo está preso, sino que ha admitido el hecho.

