En víspera de un proceso de votación es preocupante la división que exhiben los jueces electorales, como se evidenció durante la comparecencia ante la comisión de la Asamblea Revisora que estudia la reestructuración del tribunal. Las diferencias de criterios han matizado desde su elección las conflictivas relaciones de los magistrados, pero con el paso del tiempo los desacuerdos se han agravado. Ha sido evidente el pulso del presidente del pleno, licenciado Julio César Castaños Guzmán, y el de la Cámara Administrativa, licenciado Roberto Rosario, en torno a los cuales se nuclean otros magistrados. Sin embargo, al llevar en bloques e individualmente sus posiciones sobre la reforma constitucional, el conflicto, sobre todo en los umbrales de un proceso electoral, se torna más inquietante. Lo que se advierte es que los magistrados están tan divididos que no son capaces de sentarse a dialogar para unificar criterio ni siquiera sobre un problema que atañe a la suerte del tribunal. Mala señal, sin duda.

