El primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, y el del Reino Unido, Gordon Brown, atraviesan hoy el Niágara en bicicleta a causa de graves crisis políticas derivadas de sus actuaciones personales o políticas que enojan a sus respectivos entornos y los han convertido en los hazme reír de Europa. Los problemas del italiano Berlosconi vienen por su evidente afición por las fiestas y las faldas. Hace poco se produjo un escándalo por versiones de que Berlusconi tenía nexos amorosos con una imberbe muchacha, cuestión que el gobernante desmintió y prometió renunciar si alguien probaba esos vínculos. El diario El País publicó fotos de gente desnuda o en situación de sexo implícito o explicito durante una fiesta que Berlusconi celebró en su mansión de la ciudad española de Cerdeña, lo que ha desatado otra tormenta política en Italia. Los penares del primer ministro inglés, Gordon Brown, no tienen nada que ver con su conducta personal, pues son causados por su pobrísimo desempeño político, que ha motivado la renuncia de tres de sus ministros y el creciente reclamo de dimisión. Las carreras políticas de Berlusconi y Brown penden de un fino hilo, aunque el primero ha gozado sus penas.

