Quizás se necesiten detalles más específicos, pero alienta de todas formas la devolución que ha anunciado la Secretaría de Educación de productos no aptos para el desayuno escolar. La trayectoria y rectitud del licenciado Melanio Paredes bastan de por sí para no dudar de la devolución de leche, pan y otros artículos que componen la merienda estudiantil. La decisión concuerda con el celo y la vigilancia que se habían reclamado como parte de varias medidas para transparentar el saludable programa alimenticio. La Secretaría de Educación dice que el monto de las devoluciones en los últimos dos meses asciende a 36 millones de pesos. Está claro entonces que los controles hacían falta para que la merienda cumpliera su cometido. El titular de la cartera ha sabido rodearse de un equipo de técnicos, entre los que figura la directora de Bienestar Estudiantil, licenciada Mulin Sang Ben, para garantizar los mejores resultados en su gestión. Y el caso del desayuno escolar es una muestra de que avanza por senderos promisorios. Además de la rigurosa fiscalización la cartera ha modificado, para transparentar la operación, el mecanismo de facturación de las raciones. Ahora se efectúan monitoreos y los supervisores se ocupan de verificar que las raciones servidas a los estudiantes reúnan, como deber, todas las condiciones sanitarias.

