Al clausular la XV Feria Internacional del Libro, el Ministerio de Cultura informó que la versión batió récord al generar 95 millones de pesos brutos, mayormente por la venta de libros. Pero los libreros alegan que este año las ventas, con todas y las facilidades que ofrecieron, descendieron un 75 por ciento con relación a 2011. Lo trascendente, sin embargo, no es la contradicción, sino el montaje de un evento que será siempre un magno acontecimiento cultural. El contacto con la cultura a través de la lectura debe verse como uno de los principales objetivos de un evento protagonizado por el libro. Aunque sea importante, el asunto no se reduce a si se vendió más o se vendió menos. La misma queja de los libreros sobre la caída de la venta debe servir, cierta o no, para explorar mecanismos que estimulen la lectura como bálsamo espiritual y fuente de conocimiento. Es cierto que no se trata de una tarea tan simple, sobre todo cuando además de económicos median factores culturales. Pero no por ello pueden obviarse fórmulas para que los libreros satisfagan sus expectativas.

