Página Dos

PRIMERA FILA

PRIMERA FILA

Es injusto afirmar que  las autoridades incurren en exceso al enfrentar la pretensión de  propietarios de clínicas privadas de   aumentar  en un 14 por ciento los precios de los  servicios que ofrecen, porque esa decisión unilateral afecta a más de dos millones de afiliados al Seguro Nacional de Salud (Senasa), con el que esos establecimientos han formalizado contratos que tienen  fuerza de ley. Los servicios de salud, públicos o privados, no son un negocio cualquiera, como una bodega, ferretería o zapatería. Es un quehacer de orden público porque  refiere un derecho constitucional que no puede ser  vulnerado por  afán de lucro. Lo mismo ocurre con los colegios privados, cuyos propietarios se guarecen en la mentada iniciativa privada para vulnerar disposiciones legales referidas a precio y calidad de los servicios. En vez de censurar a las autoridades de Senasa por defender intereses y bolsillos de  más de dos millones de ciudadanos, los detractores deberían hurgar en la calidad  de los servicios hospitalarios privados, caracterizados por  un altísimo costo incompatible con  el reclamo de excelencia en las prestaciones médicas.

El Nacional

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