La historia tendrá que patentizar como una de las grandes muestras de valor la que ofreció el domingo el depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya cuando trató de entrar a su país, acompañado únicamente de dos o tres civiles, para recuperar su trono. En contraparte los gorilas que usurpan el poder exhibieron la peor de las cobardías al no tener el coraje de aprovechar la ocasión para apresarlo y someterlo a la justicia por las supuestas violaciones constitucionales que le atribuyen.
Los hondureños que respaldan a Zelaya deben sentirse más orgulloso de un hombre que no se arredra y que defiende con su vida la voluntad expresada en las urnas. A Zelaya no le importó que al final no lo acompañaran en el vuelo desde El Salvador a Honduras el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Inzulza, y los presidentes Cristina Fernández, Argentina, y Rafael Correa, Ecuador. Reconfirmó con su actitud que la razón no puede temer a la fuerza.

