En nuestro país prevalece la democracia como sistema de gobierno, su característica principal es que la soberanía reside en el pueblo, y la ejerce mediante su participación en el sufragio electoral que se celebra cada 4 años.
En ese evento, el candidato presidencial del partido favorecido con la mayoría de los votos depositados por los participantes procede a designar los funcionarios que le acompañarán en la tarea de gobernar.
Para la ejecución eficiente y eficaz de tan importante mandato constitucional, es necesario contar con la herramienta apropiada y el equipo humano calificado. El presupuesto general del Estado (PGE), constituye la herramienta, y, el Gabinete la parte humana.
El PGE contiene el monto de los ingresos presupuestados durante el año. Y los gastos que, son establecidos por ley, de suerte que, si cada institución del Estado ejecutara su presupuesto con apego a lo consignado en el mismo, el resultado final sería diferente al que se obtiene cada año.
En ese sentido, me voy a permitir proponer un orden de prioridad en lo concerniente a los gastos; que ayudaría al gobierno a reducir el déficit presupuestario que se ha convertido ya en una constante, cuya secuela es el endeudamiento externo e interno y, el consabido pago de intereses. Veamos:
1- Gastos de capital o de inversión:
a) Autopistas, b) Carreteras, c) Puentes, d) Puertos, e) Aeropuertos, f) Presas, g) Acueductos, etc., atendiendo a las necesidades y características del lugar de que se trate.
2- Gastos corrientes: a) Seguridad alimentaria, b) Salud, c) Agua potable, d) Educación, e) Seguridad ciudadana, f) Vivienda, g) Transporte colectivo, h) Arte y Cultura, i) Deportes, j) Control fronterizo, k) Soberanía, y l) Seguridad ambiental. Esto al margen de las nóminas…
Por último, pero no menos importante, focalizar los subsidios, reducir las pérdidas en el sector eléctrico y disminuir las exoneraciones y exenciones, que son gastos fiscales.

