Por: Eduardo Álvarez
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Es la expresión visionaria del conocimiento y la vitalidad latente en los jóvenes. Atrapados, luego liberados, en la representación original de Esquilo, el Prometeo de estos tiempos se nos presenta de manera equivocada. Encadenado en cada joven distraído en tonterías, ajeno a los asuntos que demandan su atención y cuidado. Para ser comprensivo, digamos que rehúye a los compromisos por falta de oportunidades [el nuevo nombre del conformismo]. Pero saber es comprometerse, y es más fácil jugar al ignorante, a pesar del brutal cúmulo de informaciones que le proporciona el Internet, en cuadro estadístico inimaginable veinte años atrás.
Gedeón Santos nos explica este contrasentido en un prometedor discurso pronunciado en el relanzamiento del Centro Cultural de las Telecomunicaciones: “La paradoja de la plenitud es un concepto que nos dice que en una plenitud de información hay una pobreza de atención”. Parte significativa del problema que se plantea con el alejamiento de los jóvenes de los asuntos de Estado. Explican, acaso, su apatía en la falta de transparencia y seriedad reflejada en el comportamiento de los políticos.
Tienen ganada una justificación para no hacer lo mismo, pero no para renunciar al legado de los mejores hombres y mujeres, que los hay en medio de esta podredumbre que nos asquea a todos. Y creo no exagerar cuando encuentro en las ideas expuestas por Gedeón podemos encontrar el paradigma y señal del pase de antorcha que se expresa en el cambio de mando de una generación a otra. Lo que también representa, por supuesto, un nuevo comportamiento y forma de ver las cosas.
La negación de este proceso degenera, usualmente, en el surgimiento de tiranías que truncan nuevas y legitimas aspiraciones. Desviación que tiene lugar sólo con el concurso de sectores tan corrompidos y moralmente empobrecidos como los propios dictadores. Frank Moya Pons nos ofrece la descripción de este proceso de degradación en la introducción de Musiquito, novela de Enriquillo Sánchez: “[…] retrato de Yo el supremo, el ángulo cómico de la gran tragedia en que las tiranías han engolfado a estos pueblos latinoamericanos”. Y hay diferentes formas de envilecerlos.

