Opinión

Propuesto a la JCE

Propuesto a la JCE

En el ámbito político hace tiempo que perdí la ingenuidad. Ese espejismo de creer que haciendo todo según lo tradicionalmente correcto, los objetivos podían alcanzarse. Con la pérdida, como todo en la vida, gané cosas. La más importante de todas: Tomar conciencia de las formas de manipular los acontecimientos que tienen los jefezotes de este país. Descubrí las fuerzas invisibles, pero poderosas que, como titiriteras amaestradas, conducen los muñecos de trapos en que ha devenido la mayoría de los habitantes de este terruño lamentable.

 Se trata del funcionamiento de un sistema provisto de un eficiente dispositivo de protección, invulnerable a sorpresas que resulten desagradables y que, como si fuere insuficiente, recibe refuerzos externos que garantizan que sus directrices se preserven bajo esquemas inamovibles y que, si en un momento dado parecen evolucionar, todo se reduzca a una mera ilusión.

 Así ha sido en el desarrollo de nuestra historia y eso se pone de manifiesto en la integración de los altos órganos de la administración pública. Se estructuran de tal manera que jamás se ponga en riesgo ese sistema y que las manos e ideas que los conduzcan no trasciendan la conducción de los mismos dentro de los parámetros permitidos. Por eso nada cambia.

 La composición de esas entidades que conforman la precaria institucionalidad dominicana suele responder a una obscena repartición entre poderes de hecho y de derecho que son, al unísono, sostenedores y beneficiarios de un sistema del que sólo ellos derivan seguridad y que, precisamente, es la causa  de que este país esté como esté. Sin la transformación de ese sistema no habrá solución.

 Pese a esa realidad desconsoladora, auspicio la participación en las grandes decisiones nacionales, entre ellas la selección de los miembros de las entidades públicas. Al menos sirve para no proveer el argumento de que debió hacerse con lo disponible. Además, permite usar esos mecanismos como ejercicio de ciudadanía responsable, con la consiguiente presión social, único antídoto para conjurar desmanes.

Por esa razón acepté la honrosa propuesta que me hicieron el “Centro Juan XXIII” y “Dominicanos por la Integridad” para sustentar mi candidatura ante el Senado de la república como alternativa para integrar la Junta Central Electoral. Lo hice sin más expectativas que la de un nombre que se adiciona a otros bajo cuyos designios se concretaría la posibilidad de convertir los procesos electorales en un escenario de auténtica competencia democrática. No un festín de inequidades.

El Nacional

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