Opinión

Protestas históricas

Protestas históricas

Puede una marcha de protesta provocar la caída de un gobierno, de una empresa, o de un sistema social jerarquizado? Históricamente se ha comprobado que sí. Y si la protesta no lo logra en el primer intento, lo logrará posteriormente si los motivos que la provocaron —casi siempre oprobiosos— se mantienen causando los daños que la originaron. Las protestas reivindicadoras tienen como máximo ejemplo la escenificada en Chicago (1886), a pesar de su balance trágico, pero la historia está llena de ellas. Bastaría con una simple mirada hacia atrás, hacia esa historia salpicada de matices heroicos y reivindicadores, para confirmarlo, como lo recoge el famoso Papiro de huelga que reposa en el Museo de Turín, que narra las protestas registradas en el 1165 a. C, en Egipto, cuando los obreros de una de las pirámides exigieron a Ramsés III mejores condiciones en el trabajo, ropas, ungüentos y pescado.

Entre las protestas y las grandes marchas de la historia es preciso señalar la Marcha de la sal, auspiciada por Gandhi, en 1930, que sembró las bases para liquidar ochenta y nueve años (1858-1947) de tutelaje británico sobre la India. En esa marcha de 240 millas participaron miles y miles de hindúes y alrededor de 60 mil de ellos fueron arrestados. También podría escribir sobre la marcha de los derechos civiles a Washington, en 1963, liderada por Martin Luther King y lo alcanzado con ésta al año siguiente, 1964, cuando se firmó el Civil Rights Act; también podría explayarme señalando la protesta del astillero de Gdansk, en Polonia, comandada por Lech Walesa, en 1980, que terminó con el gobierno prosoviético de Wladyslaw Gomulka. Nueve años después, en la Alexanderplatz, en Berlín, alrededor de un millón de personas protestaron frente al muro que dividía la ciudad y exigieron su derrumbe… y el muro fue derrumbado.

Las protestas, quiéranlo o no los ostentadores del poder absoluto, siempre logran su cometido. Si no, ¿por qué no escrutan la historia y se detienen en la toma de la Bastilla, en 1789; o en las protestas del té en la colonia americana de Inglaterra, en 1773, que fue la chispa motora de la independencia de EEUU; o en las protestas del Soweto, en 1976, que cimentó la caída del apartheid en Sudáfrica; o, inclusive, en las protestas de los gays norteamericanos, en Stonewall, en 1969, que propició hasta cierto punto una relativa igualdad de géneros? Pero entre las protestas históricas no pueden pasarse por alto las escenificadas en Filipinas por la Revolución del Poder de la Gente, en 1986, que expelió del poder a Ferdinand Marcos; o las de Muharran en Irán, en 1978, liderando millones de personas que acabaron con la dinastía del Shah; o la de Tahrir Square, en El Cairo, Egipto, que movió un millón de personas para protestar y echar del poder a Hosni Mubarak.

Sólo los gobiernos y reinados sensibles de la historia han escuchado las quejas emitidas en las protestas y por eso pudieron seguir adelante.

El Nacional

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