Opinión

PULSACIONES

PULSACIONES

Comienza hoy a tener vigencia la decisión del secretario de Interior y Policía  para que en diciembre nadie pueda andar armado de pistola o revólver –cañones etc.-en las calles dominicanas, aunque haya pagado los impuestos y tenga la autorización legal para hacerlo.

Como se ha dicho un millón de veces, la decisión afectará a quienes han cumplido con la ley en esas cuestiones, pero dejará a los delincuentes –porque no puede hacer otra cosa- con todas sus armas, regularmente de excelente calidad.

O sea, que la autorización para llevar arma durante un año y por la que usted pagó equis cantidad de dinero, se reducirá ahora a once meses por efecto de una decisión que incluso viola la ley de la materia.

No creo que el asunto pueda provocar mayores conflictos,  porque me resisto a pensar siquiera que las autoridades vayan a darle cumplimiento a una orden de escritorio que puede estar bien intencionada, pero que es inoportuna y, sobre todo, improcedente.

Use su arma por debajo de la camisa, la guayabera o lo que sea, pero no la lleve de manera que pueda ser vista por cualquiera, porque entonces eso podría interpretarse como una provocación, innecesaria en este caso.

La verdad es que darle cumplimiento a eso sería exactamente igual que amarrar las manos a una persona para que otra la golpee.

Dado que ya se admite que a nadie en el Gobierno le gusta rectificar porque cree que sería una derrota política, lo mejor es hacerse el desentendido y dejar las cosas como están. Hacerse el chivo loco, decimos para que mejor  entiendan.

Aunque no me atrevo a vincular ninguno de esos casos con la decisión  de Interior y Policía, la realidad es que desde que fue emitida los asesinatos han estado a la orden del día, como si aquella sólo ha resultado en estímulo  involuntario.

Quizás la muerte de una niña de 13 años de edad el mismo día en que los cumplía, con su cabecita destrozada de un balazo, sea el ejemplo más patético de que los delincuentes parecen estar de fiesta.

Por eso tengo la convicción de que nadie, absolutamente nadie, de los destinatarios del úcase del doctor Franklyn Almeyda va a prestarle la más mínima atención y que todo quedará convertido en otra magnífica manera de haber perdido el tiempo.

Después de todo, son apenas 31 días sin andar por las calles como si fuéramos vaqueros del Medio Oeste, como acostumbran algunos.

Por demás, son órdenes de esa clase las que deben ser enviadas a donde deben llegar en flamantes motoconchos, en lugar de hacerlo con el proyecto del Presupuesto de este año que se envió al Congreso de un manera tan desconsiderada.

¿De quién fue esa colosal idea?¿No habrá una excusa pública, ya que una explicación idónea es imposible si se quiere evitar peores problemas?

Realmente, de esa manera nunca iremos pa’lante. Quedaremos estancados.

rgomez@elnacional.com.do

El Nacional

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