Opinión

PULSACIONES

PULSACIONES

POR RADHAMÉS GÓMEZ PEPÍN
Creo que fue en 1576, al salir de la cárcel donde lo había enviado la Inquisición católica durante cinco años por traducir al español el Cantar de los Cantares, de Salomón, que fray Luis de León pasó a la historia al decir su famosa frase “como decíamos ayer”.

Fue de esa manera –cuando todos esperaban un verdadero torrente verbal- como reanudó sus cátedras en la Universidad de Salamanca, y todavía hoy se repite en ciertas y determinadas circunstancias.

Es algo lejanamente parecido a lo que me sucede en estos momentos, luego de suspender esta columna desde el 21 de diciembre de 2008, por una serie de pretextos que se resumen en una sola palabra: haraganería personal.

Nada de autocensura ni cosa parecida, porque eso lo dejé desde cuando mataron a Trujillo, época en la que todos sabemos –¿o ya también lo olvidamos?- era asunto de sobrevivencia.

Ahora bien, a mí me resulta muchísimo más fácil usar el “como decíamos ayer” para reanudar la columna que a fray Luis de León sus cátedras, porque en República Dominicana nada ha cambiado no digo yo en unas cuantas semanas, o en meses, sino en años.

Voy a declinar, por ahora, una relación de situaciones y hechos que se mantienen en su dañina persistencia como en el primer día. ¿Qué nuevo puedo decir de deficiencias en los servicios públicos, deterioro de las profesiones todas, o de corrupción abierta y encubierta, pública y privada?

Lo nuevo quizás tenga que ver con la reforma a la zarandeada Constitución y con la Cumbre del Palacio, a lo mejor pariente de la famosa cortina…la de terciopelo azul de los juegos infantiles.

Cansado ya de reiteraciones, lo novedoso podría ser la crisis económica provocada por los insaciables banqueros de Estados Unidos, aunque sólo uno de ellos está en la cárcel, cuando el paquete es enorme.

Gente entendida en la materia afirma que esa crisis se sentirá en República Dominicana, pero nuestro Presidente ha dicho que somos un país blindado, si bien posteriormente ha ido despojándonos del blindaje y hoy parece que estamos en cueros y con las manos atadas.

De cualquier manera, no son pocos los que han quedado sin trabajo y se acentúa la resistencia oficial y privada para aumentar los sueldos, sea usted médico, albañil o zapatero.

Imposible pasar por alto el despertar de ciertos gobiernos del continente, que 50 años después han advertido que se quiere estrangular a Cuba y  corren presurosos para tratar de evitarlo y piden justicia, aunque lo hacen en un momento en que Cuba atraviesa por un irremediable luto deportivo. Sin embargo, nunca es tarde si la dicha es buena y desde que se inventaron las excusas nadie es culpable.

El espacio se agota. El deseo es poder comunicarme con ustedes cuanto antes mejor.  Es un deseo, no una promesa. Ni siquiera un compromiso. Por favor, entiéndanme.

rgomez@elnaciona.com.do

El Nacional

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