Opinión

Puntos… y picas…

Puntos… y picas…

Al estilo de caudillos
SANTIAGO.– El llamado “pacto histórico” entre Leonel Fernández y Miguel Vargas fue hecho al mejor estilo de los grandes caudillos del país, al margen de toda institucionalidad y sin guardar las apariencias, una especie de proclamación fáctica del liderazgo político y reparto de poder en los próximos cuatrienios.

Este acuerdo para acciones conjuntas de sus seguidores en la Asamblea Nacional revisora de la Constitución fue suscrito por Fernández como presidente del Partido de la Liberación Dominicana, y por Vargas Maldonado como ex candidato  del Partido Revolucionario Dominicano.

También, fue buen negocio para ganar-ganar, no sólo en lo político sino en lo económico, porque en mentideros congresuales se hablaba de que complacer al presidente Fernández costaría millones de pesos, además de “cargos” o “botellas” en el gobierno.

Y en adición, el pacto le resuelve al mandatario un problema de acción inmediata y por el que era “presionado” por dirigentes del Partido Reformista que creían ser la llave y fuerza decisoria, sobreestimaron su eventual apoyo y, quizás, se pasaron en exigencias.

En mentideros políticos es secreto a voces que los reformistas fueron por lana y salieron trasquilados, de su cita con Fernández, anterior a su reunión con Vargas Maldonado, y que los discípulos de Balaguer fueron a negociar, en buen sentido del término, pero se les fue la mano.

Al acordar con Vargas Maldonado, Fernández lo ubica como líder de la oposición, lo posiciona como primera figura del PRD y le reconoce incidencia y control en las decisiones de los asambleístas de su partido en temas claves. Si se quiere, lo ha escogido como figura más representativa para las próximas elecciones.

El pacto tiene una lectura adicional, pues  podría desatar los demonios a lo interno del PRD, lo que significa ganancia política para Fernández si logra dividir más a los  tendenciados perredeístas, y ya algunos han reaccionado airados.

El acuerdo, pendiente de ser honrado en venideras semanas, tiene base importante al prohibir la repostulación presidencial y buscar la unificación, ya aprobada por los asambleístas, de las elecciones legislativas y municipales el mismo año pero separadas, para evitar el arrastre.

Al margen de estas aristas, lo peor no se ha resaltado y es que el supuesto “avance” democrático que significa queda en entredicho, porque en realidad es un retroceso, un atraso en términos de institucionalidad, despersonalización y el aspirado respeto al ordenamiento  que garantiza la vigencia del llamado estado de derecho.

En realidad, se queda en los intereses mediatos e inmediatos, no perfila ni sugiere un real pacto en temas de gestión, en la función a favor del bienestar colectivo en problemas básicos como los de energía, corrupción, delincuencia, salud pública, educación y vivienda, por ejemplo.

El celebrado acuerdo fue más bien mediático, de impacto coyuntural y carácter autoritario o caudillesco, cuyos efectos están por verse.

El Nacional

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